Residencias y residentes. El valor del proceso creativo.

Por Andrea Quintana.

 

La bailarina, coreógrafa y actriz Andrea Quintana. © Rosa Neto

 

Mi nombre es Andrea Quintana, soy una artista variopinta de origen galaico-salvaje, bailarina, actriz y coreógrafa en resiliencia, activista cultural, poliamorosa de las artes vivas y con un perfil expandido. Expandido porque siempre he tenido múltiples intereses y últimamente me he encontrado muy próxima al perfil de la artista-gestora o artista-mediadora.

Soy una persona preocupada por mi contexto y creo que la mediación, el hacer de puente entre diferentes realidades es un ejercicio que facilita el acercarnos, el entendernos. A través de mis prácticas he podido comprobar que el arte es un arma de transformación, una herramienta poderosa que aporta sensibilidad, empatía y pensamiento a esta sociedad y para poder acercar las artes vivas, en concreto la danza contemporánea, que es de donde yo vengo, es necesario un trabajo de mediación y traducción ya que esta disciplina es una gran desconocida, incomprendida e invisibilizada, y esto es algo que se ve claramente, por ejemplo, en las convocatorias de bolsas de trabajo con requisitos totalmente ilógicos que no responden a la realidad del sector, en las programaciones y circuitos casi inexistentes dentro de los teatros de titularidad pública, en la falta de apoyo por parte de las instituciones a la creación y producción de espectáculos de danza y así podríamos seguir con un largo etcétera.

Como creadora llevo 15 años trabajando profesionalmente en el ámbito de las artes escénicas y la creación contemporánea. Como activista cultural he desarrollado proyectos como La Buena Aventura en Málaga, basado en la formación y la colisión de disciplinas, he trabajado en el TRCDanza proyecto de programación expandida y mediación con públicos dentro del teatro Rosalía de Castro de A Coruña y he formado parte de la creación del colectivoRPM y el programa de Residencias Paraíso en sus primeros dos años.

Mi discurso está empapado de conversaciones, discusiones, éxitos y frustraciones que he compartido con mis compañeras a lo largo de todo este tiempo. Lo que expongo hoy aquí tiene que ver con mi vivencia personal y mi experiencia dentro de encuentros y mesas de debate sobre residencias, así como con mis necesidades como persona que habitualmente está en relación con procesos de creación y residencias artísticas.

 

Encuentros de Creación en Magalia 2019. © LuisCar Cuevas

 

A día de hoy todas las obras que he creado, todas las obras en las que he trabajado como intérprete, así como todos los procesos de investigación y pensamiento que han formado parte de mi trayectoria artística han estado en relación directa con una Residencia, con un espacio que dio cobijo a esa idea inicial sin que todavía fuera un producto comercial. Podría decir que la creación contemporánea se sostiene gracias a las residencias artísticas, entre otros factores. Cabría afirmar que, en la mayoría de los casos, sin residencias artísticas no hay procesos creativos, sin procesos creativos no hay tiempo para el pensamiento y sin pensamiento no hay creación, es decir, piezas escénicas, que son el formato habitual que pone fin a un proceso creativo en las artes escénicas.

Reflexionamos y hablamos sobre residencias porque todavía hoy, en nuestro país, es algo que suena raro, que es de difícil traducción para la administración y sus burocracias y que es algo que, como el proceso creativo, se halla en constante construcción. Es cierto que podemos encontrar y tomar ejemplo de personas, espacios y proyectos que han encontrado buenas fórmulas, que tienen buenos programas de residencias y que llevan a cabo buenas prácticas dentro de los equipamientos públicos y eso es, sin duda, esperanzador, pero todavía confundimos la idea de Residencia Artística con “cesión de espacio” y creo que la gran mayoría de las artistas no nos vemos como meras “usuarias”.

Entonces, nos seguimos preguntado: ¿qué significa ser Residencia? es decir, contenedor y, ¿qué significa ser Residente? es decir, contenido.

Para mi residir tiene que ver con la experiencia, el deseo, la posibilidad y el movimiento, con ser un cuerpo migrante. Residir, es poner en valor el proceso, es abrirse a las preguntas, es perderse para poderse encontrar, desviarse de la dirección, no tener que acertar o concretar en un resultado-obra, disparar ideas que tendrá sentido, o no en un futuro incierto. Residir, crear tiempo para la dispersión, para no ser productiva, para errar, para perder el tiempo, para perder mucho, mucho el tiempo… Un lugar para el juego, un lugar donde materializar las ideas, un lugar donde compartir los experimentos, un lugar de confianza, un lugar de construcción, un lugar en el que crear sinergias, en el que relacionarnos con el alrededor, un lugar en el que encontrarnos, un lugar para cuestionarnos, para practicarnos, para pensarnos, para re-pensarnos.

También es necesario que re-pensemos el contenedor:

Podríamos formular tantos tipos de Residencias Artísticas como artistas existen como contextos y territorios y personas que habitan esos territorios.

Cuando ofrecemos una residencia o hacemos uso de ella entendemos que es necesario un espacio adecuado para el trabajo un tiempo flexible y unos recursos económicos, pero también son necesarios unos recursos aparentemente intangibles, pero no por ello menos importantes: la escucha, los afectos, el diálogo, el acompañamiento, las conexiones con el contexto, la visibilidad y la reflexión crítica son ingredientes fundamentales para que lo que cocinamos juntas, artistas e instituciones, artistas y mediadoras culturales, artistas y gestoras independientes y privadas, esté rico y alimente.

 

Encuentros de Creación en Magalia 2019. © Rosa Neto

 

Las personas que diseñan residencias artísticas, las que programan en los teatros o los festivales que acogen a cada artista, han de entenderse anfitriones de sus espacios, cómplices de las creaciones, mediadores entre institución y público y han de estar preparadas para responder creativamente los retos que presentan los proyectos que viajan a sus contextos locales. Los espacios y las personas que forman parte de una residencia artística han de ser cuerpos flexibles y ecosistemas respetuosos entre sí.

Queridas instituciones, queridas artistas, queridas gestoras, queridos políticos, querido público: podemos hacerlo mejor.

El terrible panorama de precariedad y dificultad para la creación hace que el simple hecho de encontrar un espacio más o menos en condiciones donde poder trabajar unas horas ya sea un milagro. La cultura es un derecho, por ello debemos ser capaces de crear otras realidades y mejores contextos para la creación y la práctica artística. Los creadores y las creadoras, como cualquier persona, también necesitamos unas condiciones para poder desarrollar nuestro trabajo.

Es cierto que, para que existan residencias artísticas tendremos que aprender sobre el duro entramado burocrático y posiblemente tengamos que ser muy creativxs a la hora de encontrar las grietas dentro de los marcos jurídicos y los procedimientos administrativos que nos permitan transformar nuestra realidad.

Necesitamos compromiso. La creación, la práctica artística, ha sido siempre el futuro que el presente no entendía. Las políticas culturales y las administraciones públicas pueden ser creativas, pueden ser vanguardia, construir sociedad innovando, investigando, creando junto a las artistas. Las instituciones públicas y sus gestoras no deben tener miedo a las artistas sino entendernos como cómplices, como aliadas, somos territorio fértil, un campo de posibles, una oportunidad de transformación política y social, de innovación, de crecimiento, de participación, de interacción e intercambio de riquezas entre seres humanos.

Los teatros públicos sirven para algo más que un “abre y cierra telón”, pueden ser laboratorios de investigación, generar dinámicas de relación con sus públicos, con sus ciudades, entenderse como espacios porosos y motores de proyectos. Los museos, las universidades…. ¿cuántos lugares ¨contenedor¨ infrautilizados tenemos en nuestras ciudades? ¿en nuestros pueblos? Las residencias artísticas llenan de contenido, generan relaciones que atraviesan fronteras y colocan en el mapa a lugares y habitantes olvidados y abandonados de la cultura.

Tenemos que hacerlo mejor.
Pasemos por el cuerpo la teoría y lancémonos a la práctica, accionemos, innovemos y cocinemos y si lo hacemos juntas, mejor!

(Texto elaborado para los XXI Encuentros TE-VEO)

Andrea Quintana.
Bailarina, coreógrafa, actiz y activista cultural.
Participó en los Encuentros de Creación en Magalia 2019.

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