Diario de Magalia. 1 de octubre de 2019.

Fotos: © Andrea Quintana

Hoy voy con retraso, pero ayer fue un día largo en el Castillo-Palacio de Magalia. Uno de esos en los que en el cierre, una se pregunta por la posibilidad de tanta cosa concentrada en 24 horas.

Arrancó con una celebración doble: por un lado, la que conmemoraba el sufragio femenino en España, aprobado el 1 de octubre de 1931; por otro, el 32 cumpleaños de Alberto Alonso, artista habitante de este Castillo en los Encuentros de Creación. Tuvo tarta, canciones y hasta guateque escénico, en el grupo de trabajo dirigido por Teresa Rivera.

Durante la mañana, María, Ángel y Mercedes, de la oficina, se fueron a pegar carteles por el pueblo, con información de las jornadas de puertas abiertas que harán este sábado. Me resultó vintage y entrañable. Y han hecho bien. Por aquí el boca a boca, lo orgánico y la información de rutinas, funciona fenomenal.

Los proyectos siguen adelante, los cinco. Es bonito verlas entendiéndose. Y fue estupendo verlas también a todas juntas, compartiendo espacio y dinámicas más allá de sus proyectos, en una iniciativa que propuso Olatz Gorrotxategi. A primera hora de las sesiones de tarde, se reunieron en la sala del linóleo (uno precioso y nuevecito de la Red), y allí jugaron al pilla pilla, al “love” y a la “seta”. Acabaron todas corriendo y riendo y a mí me recordó a mi niñez. Después, cada una continuó su trabajo en los grupos correspondientes.

 

Las artistas también siguen pasando por la oficina para coger una fruta, pedir un micro o dejar mensajes a Mónica. A Mercedes esto le encanta, sonríe feliz cada vez que abre la caja de cartón y encuentra alguna nota anónima, que ella traslada a su máquina. A veces le cambia la cinta y se mancha los dedos de tinta,y a mí me recuerda a mi amiga Virginia. He podido ver en su DNI que nacieron el mismo día, tengo que comentárselo a la Woolf.

Las artistas también trabajan en la relatoría que ha propuesto Caterina. Lo pensé después: entre unas cosas y otras, las creadoras están escribiendo mucho y en varias direcciones.
La idea de Caterina es bien chula. Por lo que pude entender, parte de lo que está haciendo ahora es coordinar una comunicación escrita entre artistas y salas. Aquí la convivencia parece estar por todas partes. Fisica y virtualmente.

El grupo dirigido por Cris Celada estaba muy concentrado ayer investigando en el Aula de Música. Y a cada rato, alguien rompía el silencio con una carcajada, provocada por lo que escuchaban y veían, trabajando con sus móviles y ordenadores. Esta tarde tengo pensado colarme en el grupo de Laila Tafur, Cuerpo a la canción.

 

Uno de los momentos que más me gustan de estas jornadas son las mañanas, los desayunos. De ellos me hace gracia, por ejemplo, la cara de dormido de Jesús Benzal. He descubierto que hay que dejarle un ratito hasta que se despierta, pero el chico, siempre con una sonrisa. A veces le tiro la servilleta al suelo para ayudarle a salir del sueño. Los desayunos también me gustan porque se cuentan sus noches. María Fuentes e Inés Narváez, por ejemplo, soñaron ayer la una con la otra.

El frío ha llegado al castillo y tengo que acordarme de volver a la habitación de Alba Muñoz para ver cómo lo lleva. Sus aposentos son algo gélidos.

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